De aquel coche de carreras que nos trajeron los Reyes Magos cuando era niño a ponerme, décadas después, al volante de un monoplaza en el Jarama. De los Fórmula 1 de los años 60/70 con Niki Lauda, Senna, Prost, Mansell y Schumacher; de mis encuentros con Fernando Alonso en Oviedo al homenaje que dedicamos a Michael Schumacher en Mater Asturias y, ahora, el nacimiento de MADRING. El regreso de la Fórmula 1 a Madrid me ha llevado a abrir mi archivo y descubrir que mi pasión por los coches y la velocidad empezó mucho antes de lo que recordaba.
Hay fotografías que explican una vida mejor que muchas palabras. Mientras preparaba este reportaje con motivo del estreno de MADRING y buscaba en mi archivo imágenes de Fernando Alonso, Michael Schumacher y de aquella ocasión en la que tuve la oportunidad de conducir un monoplaza en el Circuito del Jarama, apareció una fotografía muchísimo más antigua.
Es una imagen en blanco y negro de mi infancia. Estamos mi hermano Gonzalo, mi hermana Pili, mi prima Mina y yo alrededor de un pequeño coche de carreras. Al volver a verla tantos años después comprendí que, probablemente, todo empezó allí.
El coche de carreras que nos trajeron los Reyes Magos
Sería por el año 70, siendo bien pequeños, cuando una navidades los Reyes Magos nos trajeron a casa algo que para nosotros debía de parecer un auténtico Fórmula 1: un coche de carreras infantil. En la fotografía aparecemos los cuatro disfrutándolo, unos dentro y otros alrededor, como si aquel pequeño monoplaza fuese el coche más extraordinario del mundo.
Visto hoy resulta entrañable, pero hay algo que me llama especialmente la atención. Su diseño reproducía la imagen que un niño de aquella época asociaba inmediatamente con un coche de competición: una carrocería baja y alargada, un único puesto de conducción, ruedas descubiertas y el piloto prácticamente pegado al suelo.
Aquel juguete pertenecía claramente al imaginario de los grandes monoplazas de los años sesenta. No puedo decir que fuese la reproducción exacta de un modelo determinado, pero sí que representaba perfectamente aquella estética.

Los Fórmula 1 que hacían soñar a un niño en los años 60/70
La Fórmula 1 de aquellos años era radicalmente diferente a la actual. Los monoplazas tenían una belleza basada casi en la simplicidad: carrocerías estrechas, grandes ruedas completamente descubiertas, cockpit abierto y una ausencia casi absoluta de la sofisticación aerodinámica que hoy define a un Fórmula 1.
Uno de los coches que mejor representa aquella generación es el Lotus 49 de 1967. Fue además un monoplaza fundamental en la evolución técnica de la competición: utilizaba el Ford-Cosworth DFV V8 y Lotus desarrolló el conjunto de motor y chasis de una forma que acabaría influyendo decisivamente en la ingeniería posterior de la Fórmula 1. Jim Clark consiguió con él la victoria en su debut en Zandvoort en 1967 y Graham Hill conquistó el Mundial de 1968 con su evolución.

Cuando observo ahora aquel Lotus y después miro nuestra fotografía familiar, la relación me resulta evidente. Salvando todas las distancias, para un niño aquel pequeño coche representaba exactamente el mismo sueño.
Quizá fue allí donde empezó mi fascinación por los coches y por la velocidad.
De aquel pequeño coche a Niki Lauda, Senna, Prost, Mansell y Schumacher
El juguete quedó atrás, pero la afición permaneció. La Fórmula 1 evolucionó enormemente y yo continué siguiéndola durante los años siguientes. Llegaron nuevas generaciones de coches y, sobre todo, pilotos que terminaron convirtiéndose en leyendas.
Entre ellos es imposible no recordar al gran Niki Lauda, uno de los pilotos con mayor personalidad y carisma que ha tenido este deporte. Tres veces campeón del mundo —1975, 1977 y 1984—, su trayectoria quedó inevitablemente marcada por el terrible accidente que sufrió en Nürburgring en 1976. Su Ferrari se incendió y Lauda estuvo cerca de perder la vida. Lo extraordinario es que, apenas seis semanas después, regresó a la competición en Monza, todavía con las consecuencias de las graves quemaduras, y terminó cuarto. Es difícil encontrar una historia que represente mejor el carácter y la determinación de un piloto de Fórmula 1.

Después viví las carreras de Ayrton Senna y Alain Prost, aquella extraordinaria rivalidad entre dos maneras muy diferentes de entender la competición. Recuerdo también a Nigel Mansell, uno de esos pilotos capaces de convertir una carrera en espectáculo, y posteriormente llegó la era de Michael Schumacher, que acabaría construyendo uno de los palmarés más impresionantes de la historia de la Fórmula 1.
Durante mucho tiempo todo aquello formó parte de una pasión seguida desde fuera. Sin embargo, con los años la Fórmula 1 acabaría cruzándose también, de una manera bastante curiosa, con mi trayectoria profesional.
Y para entenderlo hay que viajar a Asturias.
Fernando Alonso: cuando Asturias empezó a vivir la Fórmula 1 de otra manera
Yo no nací en Asturias, pero llegué con mi familia a Oviedo en 1977. Allí crecí y allí he desarrollado una parte fundamental de mi vida personal y profesional. Por eso la aparición de Fernando Alonso tuvo para mí una dimensión diferente.
No era únicamente otro piloto español intentando hacerse un hueco entre los mejores. Era un joven de Oviedo que empezaba a competir contra los grandes nombres de la Fórmula 1 y que muy pronto consiguió que Asturias comenzara a vivir este deporte de una manera extraordinariamente intensa.
En aquellos primeros años ya se intuía que estaba ocurriendo algo importante. Y tuve la oportunidad de vivir una pequeña historia con Fernando antes incluso de que llegaran sus dos campeonatos del mundo.
Mi encuentro con Fernando Alonso en Oviedo en 2004
En 2004 era coordinador general de Tierra Astur y coincidí con Fernando Alonso en Oviedo. Conservo varias fotografías de aquel encuentro que, más de veinte años después, tienen para mí un valor especial.
En ellas aparece un Fernando muy joven, todavía antes de convertirse en campeón del mundo. Aproveché aquel encuentro para que me firmara varias gorras de Tierra Astur y conservo una fotografía especialmente divertida: Fernando necesitaba un lugar donde apoyar una camiseta para firmarla y mi espalda terminó convirtiéndose, improvisadamente, en su mesa.

Nacho Sandoval junto a Fernando Alonso en Oviedo en 2004, durante su etapa como coordinador general de Tierra Astur. En una de las imágenes, Alonso utiliza la espalda de Nacho como apoyo para firmar una camiseta. Archivo Nacho Sandoval.
Aquellas fotografías son de 2004. Fernando todavía no había conseguido su primer Mundial. Lo lograría en 2005 y repetiría en 2006, convirtiéndose en uno de los grandes responsables de que millones de españoles empezaran a organizar sus domingos alrededor de una carrera de Fórmula 1.
En Asturias aquello adquirió una dimensión todavía mayor. La Fórmula 1 pasó a formar parte de las conversaciones cotidianas y Fernando Alonso se convirtió en un auténtico fenómeno deportivo y social.
Yo tuve la suerte de vivir aquella transformación desde muy cerca.
Michael Schumacher, el Premio Príncipe de Asturias y Mater Asturias
Tres años después de aquellas fotografías con Fernando Alonso, la Fórmula 1 volvió a cruzarse con mi actividad profesional.
En 2007 Michael Schumacher recibió el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes. Era ya una leyenda, siete veces campeón del mundo y protagonista absoluto de una de las grandes épocas de la Fórmula 1.

Con motivo de aquel reconocimiento decidimos hacer algo especial en Mater Asturias. En lugar de limitarnos a colocar un cartel felicitando al premiado, transformamos parte del establecimiento para crear un verdadero homenaje a Schumacher y al mundo de la Fórmula 1.
Visto ahora, casi veinte años después, creo que aquella acción explica bastante bien una forma de entender la comunicación dentro de la hostelería que he mantenido durante toda mi trayectoria profesional.
Cuando Mater Asturias se convirtió en una pequeña exposición de Fórmula 1
El montaje tenía una pieza protagonista: un mono auténtico de Michael Schumacher, colocado sobre un maniquí y protegido dentro de una urna de cristal, cedido por mi buen amigo Xavi Matas para la exposición. Alrededor construimos toda una ambientación vinculada al piloto y al automovilismo.
Pero uno de los elementos que más me gusta recuperar ahora son los neumáticos de competición. No estaban colocados simplemente como decoración. Aprovechamos el gran hueco central de las ruedas para convertirlo en una especie de marco o expositor y colocamos en su interior imágenes de diferentes cascos utilizados por Michael Schumacher a lo largo de distintas temporadas de su carrera.
El resultado era realmente llamativo: los grandes neumáticos distribuidos por el establecimiento, los diseños de los cascos ocupando su interior y, presidiendo el conjunto, el mono del siete veces campeón del mundo. Por primera vez conseguí que una acción de marketing consiguiera ser noticia nacional gracias a TVE y un jovencísimo Nico de Vicente.
Homenaje realizado en Mater Asturias con motivo de la concesión a Michael Schumacher del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2007. El montaje incluía un mono del piloto y neumáticos de competición cuyo hueco central utilizamos como expositor para mostrar sus diferentes cascos. Archivo Nacho Sandoval.
También diseñamos una comunicación específica con el mensaje: “Mater Asturias felicita al Premio Príncipe de Asturias de los Deportes 2007. Michael Schumacher. 7 veces campeón del mundo”.
La imagen de aquel espacio sigue resultándome curiosa cuando recupero las fotografías. Por un lado estaban la sidra y la cocina asturiana; por otro, Schumacher, neumáticos, cascos e imágenes de Fórmula 1. Y funcionaba.
La hostelería también puede crear experiencias
Siempre he pensado que un restaurante puede ser mucho más que un lugar en el que comer. Puede comunicar, contar historias, sorprender, generar experiencias y relacionarse con lo que está ocurriendo en su ciudad o en su territorio.
En 2007 Oviedo y Asturias hablaban de Michael Schumacher y nosotros decidimos trasladar parte de aquella emoción al interior de Mater Asturias. Hoy probablemente hablaríamos de marketing experiencial, tematización o activación. Entonces sencillamente buscábamos sorprender al cliente y conseguir que entrar en el establecimiento significara encontrarse con algo que no esperaba.
Había además una coincidencia muy especial: Fernando Alonso había recibido el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 2005 y Michael Schumacher lo recibió en 2007.
Yo había seguido a ambos desde fuera, había coincidido con Fernando y profesionalmente habíamos dedicado aquel homenaje a Schumacher. Sin embargo, todavía me faltaba algo: sentir personalmente la velocidad desde dentro de un monoplaza.
El día que me puse al volante de un monoplaza en el Jarama
Años después tuve la oportunidad de participar en una experiencia de conducción de Formula GT en el Circuito del Jarama. Aquello cambió mi percepción de algo que había visto cientos de veces por televisión.

Recuerdo los preparativos, ponerme el casco, acomodarme en un habitáculo diminuto, ajustar los cinturones y encontrarme sentado prácticamente a ras del asfalto, con las ruedas delanteras delante de mis ojos y una cámara preparada para grabar la experiencia. Después llegó el momento de salir a pista.
Por supuesto, no pretendo comparar aquella experiencia con pilotar un Fórmula 1. Pero conducir un monoplaza en un circuito como el Jarama me permitió comprender físicamente algunas sensaciones que desde una grada, en un simulador, videojuego o delante de un televisor son imposibles de percibir.

Una cosa es ver la velocidad. Otra muy diferente es sentirla
Desde fuera todo parece suceder con más tiempo. Ves llegar al piloto a la curva, frenar, colocar el coche, buscar el vértice y volver a acelerar. Desde dentro, la percepción cambia completamente.
Las curvas llegan mucho antes de lo que esperas, el asfalto parece estar pegado al cuerpo y cada decisión tiene que producirse inmediatamente. Frenas, buscas la trayectoria, miras hacia la salida, aceleras y prácticamente ya estás pensando en la siguiente referencia.
Aquella experiencia me hizo comprender algo muy sencillo: la velocidad transforma por completo nuestra percepción del tiempo y de las distancias.
Afortunadamente conservo el vídeo onboard de aquel día. Durante años permaneció guardado en mi archivo y ahora, coincidiendo con el nacimiento de MADRING, me ha parecido el momento perfecto para recuperarlo.
Jarama, el otro gran nombre de la Fórmula 1 en Madrid
Hablar del nacimiento de MADRING obliga inevitablemente a mirar hacia el Circuito del Jarama. Madrid ya conocía el sonido de los Fórmula 1 mucho antes de que comenzaran las obras alrededor de IFEMA.
El Jarama acogió en distintas ocasiones el Gran Premio de España y allí se disputó en 1981 la última carrera de Fórmula 1 celebrada en Madrid. Han pasado 45 años.
Por eso el estreno de MADRING no representa únicamente la inauguración de un nuevo circuito. Significa recuperar una parte de la historia automovilística de Madrid y trasladarla al siglo XXI. Y quizá por eso recuperar ahora mi vídeo del Jarama tiene para mí un significado todavía más especial.
MADRING 2026: 45 años después Madrid vuelve a escuchar un Fórmula 1
El Gran Premio de España de Fórmula 1 estrena MADRING del 11 al 13 de septiembre de 2026. El nuevo circuito madrileño tiene aproximadamente 5,4 kilómetros y 22 curvas y combina características propias de un trazado urbano con sectores construidos específicamente para la competición.
Durante los últimos meses he tenido además la oportunidad de observar personalmente cómo iba tomando forma. He fotografiado algunas de sus fases de construcción alrededor de IFEMA: movimientos de tierra, estructuras, gradas, pasarelas y un asfalto que poco a poco iba dibujando un circuito donde antes no existía.

Ahora las máquinas de obra han dejado paso a los monoplazas. Y aparece otro nombre que completa perfectamente esta historia.
Carlos Sainz y una nueva generación
Carlos Sainz representa otra etapa de la Fórmula 1 española y añade una conexión especial con MADRING por su condición de madrileño. Además, fue el primer piloto que tuvo la oportunidad de completar una vuelta al nuevo trazado una vez completamente asfaltado.
Hay algo simbólico en ello. Fernando Alonso conectó como nadie la Fórmula 1 con Asturias y consiguió que toda una generación de españoles descubriera este deporte. Ahora un piloto madrileño forma parte del nacimiento del circuito que devuelve la Fórmula 1 a Madrid 45 años después. Son épocas diferentes, pero forman parte de una misma historia.
Del pequeño coche de carreras al Jarama y de allí a MADRING
Mientras termino de escribir estas líneas y vuelvo a mirar todas estas fotografías, me doy cuenta de que MADRING ha sido la excusa perfecta para abrir una parte de mi archivo que llevaba demasiado tiempo guardada.
He vuelto a encontrarme con aquel Fernando Alonso de 2004, antes de sus dos campeonatos del mundo, sosteniendo unas gorras de Tierra Astur y firmando una camiseta sobre mi espalda. He recuperado las fotografías de Mater Asturias convertido en 2007 en un pequeño homenaje a Michael Schumacher, con su mono expuesto y aquellos neumáticos cuyo hueco utilizamos para mostrar sus diferentes cascos. También he vuelto a verme dentro de aquel monoplaza en el Jarama, con el casco puesto, la cámara preparada y el asfalto delante de mí.
Pero después de preparar este reportaje hay una fotografía que probablemente resume todo mejor que las demás. Es aquella primera imagen en blanco y negro. Mi hermano, mi hermana, mi prima y yo jugando alrededor de un pequeño coche de carreras que los Reyes Magos nos habían traído cuando éramos niños. Para nosotros, probablemente, aquello era un auténtico Fórmula 1.
Muchos años después tuve la oportunidad de ponerme un casco, sentarme de verdad a ras del asfalto y conducir un monoplaza en el Jarama. Ahora Madrid estrena MADRING 45 años después de su última carrera de Fórmula 1.
Los coches son completamente diferentes. Los pilotos han cambiado. La tecnología de aquellos monoplazas de los años sesenta parece pertenecer a otro mundo. Pero cuando miro aquella fotografía de mi infancia comprendo que algunas cosas no han cambiado tanto.
La pasión por los coches y por el mundo de la velocidad sigue siendo exactamente la misma. Del pequeño coche de carreras de mi infancia al Jarama y, ahora, a MADRING. Toda una vida apasionado por la Fórmula 1.











Lo que te digo siempre yes MUNDIAL.
Y la foto con los hermanos y prima , ojo que ya tenías asistencia de la Cruz Roja, casi nada.
Si no pasa nada nos veremos en el Desarme.
Un Abrazu.