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Saraiba: Galicia en vena y alma de mercado en el corazón de Madrid

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Saraiba es ese refugio donde la vibrante costumbre de Madrid de vivir deprisa se queda en la puerta. Aunque la ciudad suela quemar las horas entre el asfalto y las prisas, existen pequeños oasis urbanos donde el reloj marca un ritmo diferente: el del disfrute, la calma y la buena mesa. Eso fue exactamente lo que sentimos al visitar este referente de la cocina gallega en pleno Barrio de Salamanca, a solo unos pasos del Retiro.

Cruzar el umbral de Saraiba es, de alguna manera, volver a casa, recordar mi Asturias. El espacio juega con una dualidad encantadora con dos entradas independientes: por un lado, una barra de tapeo informal, bulliciosa y llena de vida; por otro, una sala elegante, serena, donde el mantel invita a largas sobremesas. Es ese equilibrio perfecto que tanto nos gusta en Saboreando la Vida, donde la sofisticación no está reñida con la cercanía.

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El secreto de las 5 de la mañana

Para entender lo que ocurre en los platos de Saraiba, primero hay que conocer a quien maneja el timón: Daniel Ferreiro. Daniel no es solo un empresario de hostelería con años de experiencia a sus espaldas; es un apasionado del producto. Formado en la exigente escuela de Viridiana, ha sabido trasladar esa búsqueda de la excelencia a su propio proyecto.

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Nos contó que su día empieza cuando la ciudad aún duerme. A las 5 de la mañana, Daniel coge su furgoneta y pone rumbo a Mercamadrid. No delega, no pide por teléfono. Él va, mira, toca y selecciona. Esa obsesión por la materia prima es la columna vertebral de su cocina: tradicional, sí, pero con esos toques de vanguardia que solo funcionan cuando la base es impecable.

Un festival del mar y la tierra

Nuestra experiencia fue un viaje directo a las costas gallegas, con paradas técnicas en la huerta y en la creatividad.

Comenzamos con unos entrantes que eran pura honestidad. No podíamos dejar de probar un clásico de la casa: las croquetas de sepia, intensas y con una bechamel fluida que delata la buena mano en los fogones.

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La gamba blanca de Huelva llegó a la mesa en su punto exacto de cocción y sal, dulce y tersa. Le siguieron unas navajas a la plancha que sabían a mar abierto, limpias y carnosas.

Pero donde Saraiba empieza a mostrar su personalidad única es en los matices. Las zamburiñas a la plancha venían acompañadas de un mojo verde que, lejos de enmascarar el sabor, lo elevaba con un toque fresco y vibrante.

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La cocina de mercado también sabe jugar con contrastes atrevidos en Saraiba. Nos sorprendieron gratamente los arenques del Báltico marinados en agridulce. Servidos sobre mango, con una salsa de yogur y eneldo, crema de remolacha y reposando sobre blinis, eran un bocado complejo y fascinante: ácido, dulce, cremoso y ahumado a la vez. En esa misma línea de frescura, la ensalada de aguacate y sardinas ahumadas funcionó como el contrapunto perfecto, untuosa y llena de sabor.

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Saraiba Producto, producto y producto

Ya entrados en materia, la flor de alcachofa con jamón ibérico fue un espectáculo visual y gustativo. La alcachofa, confitada y luego marcada, se deshacía en la boca, con el golpe salino del jamón coronando el plato.

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El mar volvió a reclamar protagonismo en Saraiba con dos platos principales que demuestran el respeto de Daniel por la lonja. Primero, unos chipirones de potera a la plancha sobre salteado de verduras al wok; aquí la tradición del chipirón se encuentra con el toque crujiente y ahumado del wok, una fusión sutil y acertada.

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Y para cerrar la parte salada, unos salmonetes en su punto. Y cuando decimos “en su punto”, nos referimos a esa perfección nacarada donde el pescado mantiene todos sus jugos. Sencillamente impecables.

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El broche dulce

Como en toda buena mesa gallega (o madrileña de adopción), no hay despedida sin dulce. El final fue un trío de ases que nos obligó a compartir para poder probarlo todo.

La tradición en Saraiba manda pedir la filloa gallega rellena de crema, suave y delicada. La tarta de Santiago, casera y acompañada de helado de vainilla, cumplió con creces: almendra pura, húmeda y aromática. Y para los que necesitan esa dosis final de cacao, el brownie de chocolate con helado de pistachos puso el punto final goloso, con el contraste térmico y de texturas que tanto nos gusta.

Saraiba Galicia en vena y alma de mercado en el corazón de Madrid

En Saraiba se respira cariño. Se nota en el servicio, en la atmósfera cálida y en cada plato que sale de la cocina. Es un lugar donde los vinos tienen alma y la comida tiene memoria. Si buscáis autenticidad gallega con un toque personal en el barrio de Salamanca, este es vuestro sitio. Nosotros, sin duda, volveremos.

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