La histórica pastelería madrileña Viena Capellanes recupera los sabores más tradicionales e incorpora una versión exclusiva con aroma de violeta.
Las fiestas de San Isidro no serían lo mismo sin las rosquillas típicas que cada mayo inundan las calles de Madrid. Este año, Viena Capellanes, uno de los grandes referentes de la repostería madrileña, se suma una vez más a esta celebración con su surtido de rosquillas artesanas.
Más de 90.000 unidades serán elaboradas para endulzar estas fechas, con variedades que van desde las clásicas “tontas” y “listas” hasta las siempre populares “francesas” y las “de Santa Clara”.
Rosquillas que despiertan recuerdos
Viena Capellanes mantiene viva la receta tradicional que ha acompañado a generaciones de madrileños. Su elaboración sigue un proceso artesanal y cuidadoso, que refleja el respeto por las costumbres locales y por los sabores de siempre.
Las rosquillas listas, cubiertas con un glaseado de limón sobre un baño ligero de almíbar, son las más demandadas por el público. Solo el año pasado, se vendieron más de 36.000 durante las fiestas de San Isidro.
Les siguen las tontas, sencillas y con un delicado toque de anís, con una venta superior a las 18.000 unidades. Ambas versiones son símbolo de la identidad repostera de la ciudad.
Las francesas, con almendras laminadas y azúcar glas, aportan un sabor más goloso, mientras que las de Santa Clara, recubiertas con un merengue seco, completan esta oferta pensada para todos los gustos.
Edición limitada: Rosquilla de Violeta
Este año, la propuesta de Viena Capellanes se amplía con una opción única: la Rosquilla de Violeta, una edición especial que se ha convertido en un éxito desde su primera aparición en el Jubileo de San Isidro.
Inspirada en los emblemáticos caramelos de violeta, esta rosquilla se elabora sobre una base similar a la de las tradicionales con merengue, pero se aromatiza con una infusión natural de violeta. Además, incluye pequeños trozos de caramelo, que aportan una textura crujiente y un aroma inconfundible.
Exclusiva, delicada y profundamente madrileña, esta versión es un homenaje contemporáneo a uno de los sabores más castizos. Se trata de una edición limitada que estará disponible solo durante el periodo de las fiestas.

Una empresa con raíces profundas
Viena Capellanes no es solo una pastelería, sino una institución en Madrid. Fundada en 1873 por Matías Lacasa, la empresa fue adquirida más tarde por Manuel Lence, cuya familia continúa al frente de la gestión tras más de un siglo.
Con más de 26 establecimientos propios en la capital, un moderno obrador en Alcorcón y presencia en 45 empresas a través de sus Córner Viena, la marca ha sabido crecer manteniendo intacta su esencia.
Además, cuenta con una Escuela de Cocina y Repostería, un hotel propio —Viena Suites— y un servicio de catering gourmet que atiende tanto a eventos corporativos como particulares.
Tecnología y tradición: una combinación de éxito
Lejos de quedarse anclada en el pasado, Viena Capellanes ha sabido evolucionar, combinando su legado centenario con una visión innovadora. A través de su plataforma digital y su App “MyViena”, los clientes pueden realizar pedidos de forma sencilla y recibir sus productos a domicilio.
Esta apuesta por la tecnología permite acercar la tradición a las nuevas generaciones, manteniendo el sabor de siempre con la comodidad del presente.
La rosquilla como símbolo de identidad
Más allá del sabor, las rosquillas de San Isidro representan algo más profundo: el vínculo emocional entre los madrileños y sus raíces. Cada variedad cuenta una parte de la historia de Madrid, y su presencia en estas fechas es una forma de mantener viva la memoria colectiva.
Viena Capellanes, con su compromiso con la calidad y el respeto por las costumbres, se convierte así en un actor clave en la preservación del patrimonio gastronómico local.
Una invitación a saborear Madrid
Este San Isidro, la invitación está servida: recorrer las calles de Madrid con una rosquilla en la mano, compartiendo sabores y recuerdos. Ya sea en su versión más clásica o con un toque innovador como la de violeta, las rosquillas de Viena Capellanes son el bocado perfecto para celebrar lo castizo.
Con cada mordisco, se rinde homenaje a una ciudad que sabe disfrutar de sus tradiciones y que encuentra en lo dulce una forma de unir a generaciones.







