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Restaurante Mena en Denia: un viaje a los Sabores del Mediterráneo

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Hablar de Denia es hablar de tradición, de mar salitre y de una evolución constante que, lejos de borrar su esencia, la ha elevado a lo más alto de la gastronomía nacional. Como ya viene siendo tradición desde hace 44 años que llevamos veraneando en esta joya de la Marina Alta, hemos sido testigos de cómo Denia ha florecido. Hemos visto crecer, a la par, el comercio local, los servicios y el pulso vital de una ciudad que se ha convertido en epicentro turístico.

Un claro punto de inflexión en esta transformación ha sido el ferry Denia-Ibiza. Esta conexión no solo facilitó el tránsito entre las dos grandes joyas baleares y valencianas, sino que puso a Denia en el mapa internacional de forma definitiva, atrayendo a un público cosmopolita que valora tanto la belleza del Cabo de San Antonio como la excelencia de su mesa. Es en este contexto, donde la modernidad convive con la historia, donde el Restaurante Mena sigue siendo nuestro refugio innegociable.

Restaurante Mena: Desde 1959 navegando en el sabor

El Mena no es solo un restaurante; es un «barco» anclado en el acantilado de Las Rotas, una reserva marina protegida que regala vistas inigualables. “Botado” en 1959 por Diego Mena Llorca y María Cuesta Llidó, este templo de la cocina está comandado hoy por la tercera generación de esta familia de hosteleros. Diego Mena, María, Mónica y Natividad mantienen viva la filosofía que convirtió a este lugar en un referente: amor absoluto por el producto y el deseo de hacer sentir a cada cliente como si estuviera en su propia casa.

Ubicado al final de Las Rotas, el restaurante ofrece una experiencia sensorial completa: el sonido del Mediterráneo golpeando las rocas, la brisa marina y, sobre todo, una cocina que no necesita artificios porque la calidad habla por sí sola.

La joya de la corona: La Gamba Roja de Denia

En su carta, la gamba roja de Denia es la protagonista absoluta. Reconocida internacionalmente por su sabor intenso y textura inigualable, en casa de Diego Mena la tratan con el respeto que merece. Aunque la plancha es un clásico, en esta última visita reafirmamos nuestra devoción: cocida, en su punto exacto, es donde mejor se aprecian sus matices marinos, un bocado que te transporta directamente al fondo del mar.

Pero el menú no termina ahí. Los pescados de la lonja diaria y, sobre todo, sus arroces y fideuás, en especial los famosos Rosetjats, son testimonio de un fumet casero de libro, elaborado con morralla; cabeza de rape, pescado azul  como la caballa, pulpito, cangrejo y ese toque maestro de galera, sepia y gamba que los hace «brutales», ideales para disfrutar frente al azul del Mediterráneo.

Nuestra experiencia: un banquete para los sentidos

En esta ocasión, nos dejamos seducir por el menú especial que nos preparó Diego Mena, donde cada pase fue una lección de gastronomía marina:

  • Tomate del terreno con ventresca y salazones: un inicio vibrante. La calidad del producto de la tierra se hace evidente en un tomate con sabor a verdad, acompañado por la untuosidad de una excelente ventresca y el contrapunto salino de los salazone.
  • Carpaccio de “pulpo seco”: un bocado auténtico de la Marina Alta. Este plato destaca por su textura firme y su sabor concentrado, secado al sol respetando la herencia marinera más pura.
  • Huevas de sepia a la plancha: un manjar delicado. El toque preciso de la plancha resalta su textura cremosa, realzada por una «picaeta» casera de aceite, ajo y perejil que aporta la chispa perfecta de frescura y potencia aromática.
  • Gamba roja de Denia, cocida: Sencillamente espectacular. Sin necesidad de más aderezos, su sabor intenso es una caricia al paladar, confirmando por qué es el producto estrella.
  • Tempura de bacalao: un juego de contrastes donde la ligereza de la masa de tempura, a la cerveza, envuelve a un bacalao en su punto óptimo, logrando un bocado crujiente por fuera y jugoso por dentro.
  • Fideus Rosetjats estilo Mena, con sepia y gamba: El broche de oro. La fideuá en su máxima expresión, donde la técnica del rosetjat (dorar los fideos antes de su cocción en el fumet) eleva el plato a otro nivel, ofreciendo una intensidad de sabor única que solo un caldo elaborado a fuego lento y con dedicación puede conseguir.

Si planeas visitar este icónico lugar en agosto o septiembre, un consejo de veteranos: reserva con mucha antelación. El Mena es, hoy por hoy, un lugar de peregrinaje para los amantes del buen comer, y el cartel de «completo» cuelga de su puerta con frecuencia. 

Porque, al final, Saborear la Vida es precisamente esto: disfrutar de una mesa frente al mar con quienes más quieres, en un lugar donde el tiempo parece detenerse para saborear la autenticidad.

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